El Sistema Exponencial surge como un sistema dinámico e innovador alternativo para la formación de atletas de alto rendimiento, el cual, a diferencia del sistema convencional, incorpora diferentes estrategias y recursos pedagógicos favorables para que la persona atleta descubra su potencial humano. Se trata de un sistema de meta-aprendizaje en donde el principal objetivo es empoderar a los atletas y ayudarlos a potenciar su rendimiento de manera saludable, retroalimentándose unos con otros para desarrollar al máximo su potencial y encontrar su mejor versión.

De allí surge el término “exponencial”, el cual hace referencia al crecimiento que busca garantizar el sistema. Esto tiene que ver con la relación tiempo vs rendimiento, la cual no es lineal, ya que el desarrollo del atleta es parte de un proceso gradual y repetitivo que requiere sostener en el tiempo determinadas conductas y acciones. Al salir de los resultados inmediatos y poner atención plena en el proceso a largo plazo, llega un punto en el cual el progreso en el rendimiento es cada vez mayor al crecimiento obtenido en estadios previos. Esto es lo que se conoce como crecimiento exponencial, y representa el momento en el cual el tiempo invertido empieza a contabilizarse en los resultados obtenidos, dando lugar a un salto evolutivo en el rendimiento humano de la persona atleta.
¿Por qué el sistema pone al atleta en el centro de escena?
La principal transformación que sufrió el sistema es que logró humanizarse, y sin perder de vista la formación técnica/física, pudo alcanzar una formación integral del atleta. El nuevo sistema reemplaza el término “rendimiento atlético” por “rendimiento humano”, y básicamente se propone formar a los atletas para el liderazgo en la vida, desafiándolos a que desarrollen al máximo sus habilidades para potenciar su rendimiento de manera saludable y encontrar su mejor versión.
El sistema se reconstruyó por completo, incorporando una visión más holística del atleta que apuesta a sembrar para luego cosechar. Esto comprendió realizar un cambio radical respecto al paradigma convencional, y un arduo trabajo interdisciplinario para la construcción de un sistema deportivo complejo caracterizado por el dinamismo, utilizando las herramientas de la ciencia y la tecnología para potenciar el rendimiento de los atletas de manera saludable, poniendo al bienestar por encima de todo. La toma de decisiones empezó a estar controlada por el proceso, mientras que los resultados a corto plazo pasaron a un segundo plano.
El nuevo sistema coloca a la persona atleta en el centro de la escena, quien se nutre constantemente a partir de la interacción con los guías y otros atletas en un ambiente psicológicamente seguro que promueve la inclusión y el bienestar general en las personas. La estrategia de dar protagonismo al atleta estimula la autogestión, es decir, los atletas comienzan a guiar de manera autónoma sus acciones para cumplir con cada misión, lo cual promueve la toma de conciencia y conduce al autoconocimiento y a la exploración de nuevos desafíos para alcanzar su mejor versión.
¿Cuáles son los principales ejes del sistema exponencial?
El sistema apuesta a la formación del atleta en el largo plazo, trabajando sobre tres ejes principales: (i) el bienestar, a partir de la incorporación de hábitos de alto rendimiento saludable que permitan maximizar el rendimiento; (ii) el disfrute, buscando que el atleta sienta plenitud por la actividad que practica rutinariamente y logre establecer una fuerte conexión entre su cuerpo y su mente que le permita fluir, gestionando la presión mental y cargas emocionales que trae implícita la competencia; y (iii) el autoconocimiento, siendo esta la más compleja de las herramientas a trabajar, la cual consiste en que el atleta logre ampliar sus fronteras, saliendo de su zona de posibilidad para explorar nuevos horizontes y descubrir su zona de expansión hacia nuevas metas y desafíos que le permitirán maximizar su rendimiento y alcanzar su mejor versión.
¿Cuáles son las claves para alcanzar el autoconocimiento desde el bienestar y el disfrute del atleta?
Para alcanzar estas metas, primero es necesario trabajar en la creación de un sistema de confianza. Los jóvenes atletas deben crecer y desarrollarse en un ambiente psicológicamente seguro, es decir, un espacio dotado de positivismo y autoestima que sea emocionalmente seguro y atemporalmente previsible, una especie de refugio protegido y aislado de cualquier atentado violento. Lograr establecer un ambiente psicológicamente seguro es fundamental para que los atletas, desde el disfrute, trabajen día a día en potenciar su rendimiento de manera saludable, nutriéndose de la interacción con todas las personas que coexisten en el entorno. De esta manera, creando contextos exponenciales, automáticamente emerge la inspiración y el deseo de mejorar y auto superarse. Los atletas se conciben a sí mismos de manera positiva y, asimismo, disfrutan cada una de las etapas y experiencias vividas a lo largo del proceso de convertirse en deportistas de talla mundial.
Por otro lado, es importante crear un lenguaje común que sea eficaz y promueva una comunicación fluida en todo el grupo de trabajo (jugadores, entrenadores y staff). Esto genera un buen clima de trabajo, fortalece los vínculos interpersonales, fomenta los procesos creativos, y asimismo define los principios y valores éticos del equipo y la organización.
Finalmente, para lograr formar integralmente a los atletas del futuro, el sistema necesita enriquecerse de capital humano que combine una excelente preparación técnica con un alto conocimiento sobre estrategias pedagógicas de vanguardia que logren despertar emoción, motivare inspirar a los atletas a maximizar su potencial humano, ayudándolos a descubrir sus metas personales y explorando cual es el mejor camino a seguir para alcanzar esos objetivos. Los entrenadores deberán recibir capacitaciones sobre neuroeducación, a modo de acompañar y guiar a los atletas durante su proceso de crecimiento y evolución, brindándole todas las herramientas necesarias para que logren controlar su mente y no encuentren dificultades para tomar decisiones bajo situaciones de alta presión, trabajando continuamente en el desarrollo de su capacidad atlética, mental y emocional.
Si bien en las últimas décadas se han logrado avances inmensurables en el campo de la neurociencia, hasta el momento no se conocen precisamente los mecanismos y factores psicológicos más eficaces para atenuar a los estresores que generan la depresión y el burnout en atletas de alto rendimiento (Frank et al., 2013; Nixdorf et al., 2020). Es por ello que resulta imperativo continuar investigando e implementando nuevas herramientas y metodologías que motiven a los atletas, guiándolos hacia el autoconocimiento para finalmente lograr vencer al burnout (Madigan et al., 2016; Nixdorf et al., 2020), promoviendo una nueva cultura fundada en el bienestar y el disfrute. Esto permite comprender el dinamismo del nuevo sistema, el cual cambia constantemente buscando adaptarse y evolucionar a la par de la ciencia, estar en la vanguardia del conocimiento y la tecnología, innovando en la incorporación de herramientas gamificadas que permiten potenciar el rendimiento humano.
¿Cómo debe ser el guía centennial?
En su carácter de educador, la función de un entrenador trasciende más allá que la simple transmisión de conocimientos técnicos para ganar un partido o un campeonato. Los guías deben inspirar a las nuevas generaciones de atletas, ayudarlos a ser un poco mejor cada día, creando contextos y experiencias únicas que marquen tendencias y promuevan cambios positivos en su vida.
Los guías deben buscar trabajar sobre el talento naturalmente instalado en la persona atleta, es decir, sus habilidades y capacidades intrínsecas. Cada atleta trae consigo un historial de vida, el cual es función de su entorno familiar y del contexto socio-cultural en donde ha crecido. Teniendo en cuenta el “ADN” de cada atleta, los guías deben explorar los posibles cursos de acción para la gestión del aprendizaje y la toma de conciencia por parte del atleta.
El mundo ha cambiado significativamente en los últimos años, por lo cual los guías también deberán cambiar su enfoque sobre la formación de los atletas. En primer lugar, el guía centennial debe explorar que metodologías son las más apropiadas para captar la atención de los jóvenes y transferir información valiosa de manera eficiente. La atención representa la ventana hacia el conocimiento, es decir, es lo que permite a las personas procesar y memorizar la información procedente del entorno (Mora, 2020). Por ende, a los fines de lograr transmitir sus conocimientos, los guías tienen que adaptar sus sprints laborales a la capacidad de atención de los centennials. Por otro lado, el guía debe inculcar en los jóvenes el correcto uso de los dispositivos electrónicos como herramientas de comunicación y meta-aprendizaje (Fig. 4.10), indagando de qué manera se puede reducir la adicción al consumo de material en pantallas electrónicas, haciendo hincapié en reconquistar los vínculos y las relaciones interpersonales.
Por otro lado, el guía debe comprender que el rendimiento del atleta es el resultado de aquellas conductas repetitivas que realiza cotidianamente, es decir, sus hábitos. Es por ello que, además de poseer un importante conocimiento técnico sobre el entrenamiento deportivo, el guía debe inspirar a las nuevas generaciones de atletas a incorporar hábitos de alto rendimiento saludable que ayuden a potenciar su rendimiento.
Los hábitos tienen una fuerte incidencia en el rendimiento de los atletas y, en muchos casos, el éxito profesional depende directamente de esa serie de conductas repetitivas que se realizan de manera inconsciente. A través de una correcta fundamentación científica y datos objetivos que permite obtener la tecnología, el guía debe trabajar arduamente en crear conciencia en el atleta sobre la importancia de la hidratación, la respiración, la alimentación saludable, el descanso y la recuperación. La incorporación de hábitos de
alto rendimiento saludable es tanto, o incluso más importante, que el entrenamiento físico en la cancha o el gimnasio, dado que representa las
acciones y conductas que realizamos con mayor frecuencia. Un atleta de alto rendimiento entrena entre 3 y 6 horas por día de acuerdo a la disciplina, el nivel de competencia y el estadio de la temporada en el que se encuentre. Las restantes 18/21 horas del día son sus hábitos, es decir, del total de su tiempo, el entrenamiento deportivo solo representa entre 13% y el 25%.
¿Cómo la neuroeducación cambia la enseñanza?
El creciente número de investigaciones científicas en el campo de la neurociencia ha permitido evolucionar exponencialmente en el entendimiento del funcionamiento de la mente humana. Su enorme potencialidad abre un nuevo campo para reformular la educación a todo nivel (Mora, 2020). Esta reforma educacional será factible únicamente a través de la utilización de un lenguaje común que permita a los neurocientíficos ser claros en la transferencia de conocimientos técnicos hacia los guías y educadores. Esto se conoce como neuroeducación, y fusiona a las ciencias de la educación con los conocimientos que aportan la psicología y la neurociencia para entender cómo aprende el cerebro. El abordaje interdisciplinario de la neuroeducación está promoviendo un cambio importante en las estrategias de enseñanza que permitirá evolucionar hacia una educación más eficiente que permita potenciar el aprendizaje de niños y adolescentes. Los científicos aseguran que el cerebro solo aprende e incorpora nuevos conocimientos cuando existe amor y pasión, lo cual generalmente aparece asociado a la sorpresa, la curiosidad y diferentes sentimientos/emociones que despiertan el deseo por aprender.
La gestión de emociones en la formación de los atletas de alto rendimiento
La palabra emoción deriva del latín “emotio”, que significa “movimiento” o “impulso”. Entendemos por emociones a todo el conjunto de reacciones orgánicas que experimenta un individuo en respuesta a diferentes estímulos externos. A nivel cerebral, la emoción representa la energía codificada en la actividad de ciertos circuitos neuronales que nos permiten mantenernos con vida (Mora, 2020). Son circuitos que, mientras estamos despiertos, se encuentran siempre activos, en alerta, y nos ayudan a distinguir aquellos estímulos más relevantes para nuestra supervivencia.
El guía centennial debe ser capaz de analizar y comprender los sentimientos y emociones de cada atleta, y descifrar cuales son los recursos más estratégicos para potenciar su rendimiento de manera saludable. Las emociones influyen directamente en los procesos cognitivos, y es por ello que resulta imprescindible que los guías enseñen a los atletas a regular sus emociones para evitar que las mismas interfieran negativamente y aplaquen su rendimiento. Una vez que las personas son conscientes de sus sentimientos y emociones, son capaces de controlar y regular su conducta para obtener un alto rendimiento a través del disfrute. Esto resulta fundamental para aplacar al estrés y la ansiedad, los cuales tienden a dificultar el proceso de aprendizaje y afectar al rendimiento de los atletas. Aquí entra en juego el rol del ambiente de aprendizaje, el cual necesariamente debe ser percibido por el atleta como un espacio inclusivo y psicológicamente seguro (Fig. 4.9).
Una de las virtudes más importantes que debe desarrollar un guía centennial son la empatía y el poder del escucha, es decir, debe saber utilizar determinados recursos y herramientas para establecer vínculos estrechos con los atletas y que estos se sientan libres de expresar sus sentimientos y emociones (Fig. 4.9). Desde su experiencia profesional, el guía debe asistir al atleta de la manera más efectiva, analizando cada situación sin prejuicios, libre de cualquier sesgo preexistente. El guía debe ser ejemplar en inculcar el respeto de unos a otros, y asimismo debe ser estratega en el uso del lenguaje, empleando terminologías positivas que estimulen e inspiren al atleta a continuar trabajando para potenciar su rendimiento y encontrar su mejor versión.
TRABAJOS CITADOS EN EL TEXTO
- Agassi, A., 2009. Open. Harper Collins, 480 p.
- Brooks, A.W., Schroeder, J., Risen, J.L., Gino, F., Galinsky, A.D., Norton, M.I. & Schweitzer, M.E. 2016. Don’t stop believing: Rituals improve performance by decreasing anxiety. Organizational Behavior and Human Decision Processes, 137, p.71-85.
- Frank, R., Nixdorf, I. & Beckmann, J., 2017. Analyzing the relationship between burnout and depression in junior elite athletes. Journal of Clinical Sport Psychology, 11 (4), pp.287-303.
- Hill, A.P., 2013. Perfectionism and burnout in junior soccer players: A test of the 2× 2 model of dispositional perfectionism. Journal of Sport and Exercise Psychology, 35(1), pp.18-29.
- Madigan, D.J., Stoeber, J. & Passfield, L., 2015. Perfectionism and burnout in junior athletes: A three month longitudinal study. Journal of Sport and Exercise Psychology, 37(3), pp.305-315.
- Madigan, D.J., Stoeber, J. & Passfield, L., 2016. Motivation mediates the perfectionism–burnout relationship: A three-wave longitudinal study with junior athletes. Journal of sport and exercise psychology, 38(4), pp.341-354.
- Mora, F., 2020. Neuroeducación. Solo se puede aprender lo que se ama. Alianza Editorial, 124 p.
- Nixdorf, I., Beckmann, J. & Nixdorf, R., 2020. Psychological predictors for depression and burnout among German junior elite athletes. Frontiers in psychology, 11, p. 601.
- Sosis, R. & Handwerker, W.P. 2011. Psalms and coping with uncertainty: Religious Israeli women’s responses to the 2006 Lebanon war. American Anthropologist, 113 (1), 40-55.
- Digital 2021: Global Overview Report: https://datareportal.com/reports/digital-2021-global overview-report
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